Introducción

Como seres humanos, y ante la diversidad de nuestra creación, no podemos hacer
el intento de homogeneizar la humanidad, sería atentar contra lo más preciado del
hombre: su libertad. Tenemos que partir del hecho de que somos diferentes, tanto
física como intelectualmente, debido a factores específicos de cada persona e
intrínsecos a su desarrollo. A continuación veremos la diversidad entre un ser
humano y otro, centrándonos en el pensamiento: obtención de la información para
su posterior procesamiento.
En palabras del pedagogo español Víctor García Hoz1 podemos dividir el
pensamiento en seis fases. En primer lugar tenemos la fase perceptiva: ocurre a
través de la observación, lectura y audición. El hecho de que dos personas veamos
la misma imagen a la vez no significa necesariamente que la información que
vayamos a extraer sea la misma. Ya desde la primera fase existe el sesgo del
espectador.
Fase Reflexiva: unimos la información obtenida a nuestros conocimientos anteriores
con el fin de “remodelar” nuestro patrimonio cognitivo. Los conocimientos anteriores
de una persona no tienen por qué coincidir con los de otra.
A continuación, la fase creativa: aquí mezclamos la información con nuestra
imaginación, con estímulos propios del sujeto teniendo en cuenta factores como la
creatividad y la originalidad. Como cuarta fase tenemos la fase retentiva: en esta
fase aprendemos y nos valemos de la memoria para agregar un nuevo “libro” a la
“biblioteca” del cerebro.
Dentro de la fase expresiva tenemos dos componentes: la fase expresiva verbal que
es la manifestación externa del proceso cognoscitivo a través del lenguaje; Y la fase
expresiva práctica o fase aplicativa: aquí unimos el conocimiento, obtenido en fases
anteriores, con la expresión externa del sujeto. El sujeto manifestará lo conocido en
función de influencias tales como: la moral, la ética, sus principios, sus virtudes, etc.”
De esta manera se hace evidente la diferencia entre un ser humano y otro. De
acuerdo a las fases del pensamiento, un individuo cualquiera será capaz de formar

1 García Hoz, V. Principios de pedagogía sistemática, 10ª.Ed. Madrid, Rialp, 1981, p. 694.

opiniones y tomar decisiones en base a lo que percibe y luego conoce, a su manera.
El hombre, para conocer, utiliza el mundo externo y posteriormente lo aplica al “yo”.
En la última fase, el conocimiento estará regulado por temas que el individuo decide
aceptar, por reglas en las que el individuo decide creer, decide adoptar como
propias. Nosotros necesitamos estas “reglas”, estas directrices sobre el cómo actuar
debido a nuestra conciencia ya que como seres humanos está en nuestra
naturaleza perseguir el bien y rechazar el mal. Es ésta la que juzga si un
determinado acto es bueno o malo. Según Miguel Ángel Monge2: “la conciencia es
el punto de encuentro de la ley moral objetiva y válida para todos, con la
singularidad personal”.
El hecho de que el hombre acepte o rechace ciertas conductas o respalde ciertas
acciones pasará bajo la minuciosa observación de su conciencia. Una vez pasado
este escrutinio la persona será capaz de elegir entre lo que puede hacer y lo que por
conciencia, no debería hacer. De esta manera surge la “objeción de conciencia”.
Una vez vistas estas características que parecen tan propias de cada persona,
resulta casi imposible pensar en una sociedad que no respete la libertad de
pensamiento, ideas, ideología, creencias, etc. Pero como veremos más adelante,
concretamente en la Medicina, existen prácticas que atentan contra la conciencia
del médico como ser humano.

2 Monge, M.A., Ética, salud, enfermedad, Palabra, Madrid, 1991, pp. 23-26.

Objeción de Conciencia

Podemos hacer el intento de definir la objeción de conciencia de una manera
genérica valiéndonos de LAS APORTACIONES De Navarro-Valls y Martínez-
Torrón3: “la objeción de conciencia sería la pretensión de que algunos
comportamientos individuales, en principio antijurídicos, no sean objeto de sanción,
ya que el objetor ha hecho una elección –a favor de la segunda—entre la obediencia
a la norma jurídica y la obediencia a la ley moral o de conciencia”.
Así, la persona que alega objeción de conciencia elige entre el cumplimiento de la
ley, como deber civil, y el derecho fundamental a la libertad de pensamiento,
ideología, religión, etc.
Estas dos realidades, el deber civil y el derecho a la libertad, suponen dos
situaciones jurídicas que deben ser protegidas y es función del Estado mantener el
equilibrio entre ambas.
Ante la confrontación de deber y derecho se demuestra de manera explícita la
necesidad de que existan leyes que regulen la objeción de conciencia. Actualmente
estas leyes no existen y nos encontramos ante el problema de la cobertura jurídica
del tema en cuestión.
Sobre el papel del Estado podemos decir que es su responsabilidad garantizar que
existan normas de conducta social que sirvan a los ciudadanos como guiones ante
ciertas situaciones; pero es también su obligación la de defender los derechos
fundamentales, entre los que se encuentra la libertad de pensamiento. El problema
deriva de que el Estado no puede decantarse totalmente por una de estas premisas.
En el caso de que se decida por el primer interés, la libertad de pensamiento,
peligra su propia función al no ser capaz de dar pautas de comportamiento social.
La conciencia que por una parte obedece a la ley moral objetiva también está
influida por la singularidad personal. Dicho esto, la conciencia, propia de cada
persona, sería el único regulador ante la multitud de temas que lógicamente también
precisan de cierta orientación jurídica.
En el segundo caso, exigiría el cumplimiento íntegro de las normas limitando la

3 Navarro-Valls, R. y J. Martinez-Torron, Las objeciones de conciencia en el Derecho Español y Comparado, Mc
Graw-Hill, Madrid, 1997, pp. 9-26.

libertad individual. El estado impondría así una visión general, aprobada por el
mismo, que prevalecería sobre la conciencia. De esta forma, se erigiría como
regulador de la “conciencia” del pueblo faltando así a uno de los derechos
fundamentales.
Una vez explicado el concepto de objeción de conciencia y las lagunas legales que
existen en su regulación, damos paso a su aplicación en una práctica cada vez más
generalizada en el Siglo XXI: “la objeción de conciencia en el aborto”.

Objeción de Conciencia al Aborto

Por aborto se entiende la interrupción del embarazo antes de que el feto sea viable.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que la viabilidad fetal se
adquiere en la semana 20 de gestación, una vez alcanzado un peso fetal de 500g.
De esta manera definimos el aborto como la interrupción de embarazo antes de la
semana 20 o cuyo feto pese menos de 500g4.
Existen distintas maneras de clasificar el aborto pero nos centraremos en la
clasificación obtenida del manual de Obstetricia de González Merlo5. De acuerdo a
este texto, podemos clasificar el aborto en:

Aborto Espontáneo: se diagnostica en el 10-15% de los embarazos y un 85%
de éstos ocurre en el primer trimestre de la gestación.

o Aborto Ovular Primario: ocurre por defectos intrínsecos del óvulo o de
su desarrollo. Algunos de estos deterioros pueden ser:

 Alteraciones cromosómicas del huevo

 Envejecimiento de los gametos

 Defectos enzimáticos congénitos (heredados)

 Lesiones del huevo por radiación, infección, fármacos, etc.

o Aborto Traumático: en muchos casos se discute si el factor traumático
es la etiología “per se” o mera coincidencia. De cualquier forma, no
hay duda de su existencia. Puede deberse a:

4 González Merlo, J y Del Sol, J.R., Obstetricia, Salvat, Barcelona, 1985, pág. 287-289.

5 Ibídem.

 Traumatismo Físico: sobre todo si fue grave y en la región
abdominal (1/1000 casos)

 Traumatismo Quirúrgico: en caso de someterse a cirugía
abdominal próxima al útero.

 Traumatismo Psíquico: es aun más discutible.

o Aborto por causas ambientales: es el que posee mayor diversidad de
etiologías entre las que mencionaremos algunas:

 Causas hormonales:

- insuficiencia del cuerpo amarillo

 Causas Metabólicas

- Diabetes

- Desnutrición y carencia de vitamina C, E y Acido Fólico.

 Causas Uterinas

- Malformaciones

- Miomas

 Cervicales: es importante señalar la incompetencia cervical, es
decir, la incapacidad que presenta el cuello del útero para
mantenerse contraído y evitar así la expulsión del móvil fetal. En
muchos casos es secundario a aborto o parto previo.
Los casos expuestos hasta ahora tratan sobre la interrupción espontánea del
embarazo. Es decir, que los factores desencadenantes del mismo son específicos o
intrínsecos del feto o de la madre siendo totalmente independientes de lo que
conocemos como “interrupción voluntaria del embarazo”.
El aborto provocado o interrupción voluntaria del embarazo tiene dos variantes
según esta clasificación: el aborto ilegal y el aborto despenalizado de acuerdo al
Código Penal español.
La L.O. 9/1985 introduce el artículo 417bis al código penal mediante el cual se
despenaliza el aborto en ciertos supuestos. La ley orgánica 10/1995 del Código
Penal deja vigente el artículo 417bis del antiguo código y en la actual Ley de Salud
Sexual y Reproductiva, aprobada hace unos días, sigue considerando el aborto
como un delito despenalizado únicamente en los siguientes supuestos:
“No será punible el aborto practicado por el médico, o bajo su dirección, en un
centro o establecimiento sanitario público o privado, acreditado y con el
consentimiento expreso de la mujer embarazada, cuando concurra alguna de las
siguientes circunstancias:
1. Indicación terapéutica: que sea necesario para evitar un grave peligro para la
vida o la salud física o psíquica de la embarazada y así conste en un
dictamen emitido, con anterioridad a la intervención, por un médico de la
especialidad correspondiente distinto de aquel por quien o bajo cuya
dirección se practique el aborto.
2. Indicación ética: que el embarazo sea consecuencia de un hecho constitutivo
de delito de violación del artículo 429 (art.179 del Código de 1995), siempre
que el aborto se practique dentro de las 12 primeras semanas de gestación y
que el mencionado hecho hubiese sido denunciado.
3. Indicación eugenésica: que se presuma que el feto habrá de nacer con
graves taras físicas o psíquicas, siempre que el aborto se practique dentro de
las 22 primeras semanas de gestación y que el dictamen, expresado con
anterioridad a la práctica del aborto, sea emitido por dos especialistas de un
centro o establecimiento sanitario, público o privado, acreditado al efecto, y
distintos de aquel por quien o bajo cuya dirección le practique el aborto”.
A pesar de que la realización del aborto bajo estos supuestos esté despenalizada
por la ley, el personal sanitario puede negarse, por motivos de conciencia, a
realizarlo. Precisamente en estas situaciones se pone de relieve la existencia de la
“objeción de conciencia”.
La objeción de conciencia en el aborto puede definirse como: “la negativa a ejecutar
o cooperar directa o indirectamente en la realización de un aborto, negativa
motivada por la convicción de que tal actuación constituye una grave infracción de la
Ley moral, de las normas deontológicas o, en el caso del creyente, de la norma
religiosa6”.

6 Derecho y Opinión. Revista del Departamento de Disciplinas Historico-Juridicas y Económico Sociales,
Universidad de Córdoba, 1993, pág. 45.

Haciendo una breve analogía podemos trasladar el problema de la cobertura jurídica
del tema en cuestión a la práctica del aborto: por una parte tendríamos la garantía
de la libertad de conciencia, a alegar por el médico y personal sanitario; y por otra
parte, la protección de la libertad y la dignidad de la mujer.

El derecho a la objeción de conciencia en el aborto ¿Existe?

El artículo 16.1 de la Constitución Española garantiza “la libertad ideológica,
religiosa, y de culto de los individuos y de las comunidades sin más limitaciones en
sus manifestaciones, que la necesaria para la conservación del orden público,
protegida por la ley”.
La STC53/1985 de 11 de abril referida a la objeción de conciencia en el aborto,
señalaba: “por lo que se refiere al derecho de objeción de conciencia, (…) existe y
puede ser ejercido con independencia de que se haya dictado o no tal regulación.
La objeción de conciencia forma parte del contenido del derecho fundamental a la
libertad ideológica y religiosa recogido en el artículo 16.1 de la Constitución (…)”
Aunque no existe regulación legal, si existe un reconocimiento de este derecho a
nivel deontológico. Así, la Declaración de la Comisión Central de Deontología, sobre
la objeción de conciencia del médico, manifiesta que “la negativa del médico a
realizar, por motivos éticos o religiosos, determinados actos que son ordenados o
tolerados por la autoridad es una acción de gran dignidad ética cuando las razones
aducidas por el médico son serias, sinceras y constantes, y se refieren a cuestiones
graves y fundamentales”. Por su parte, el Código de Ética y Deontología Médica
afirma que “el médico tiene el derecho a negarse por razones de conciencia a
aconsejar alguno de los métodos de regulación y de asistencia a la reproducción, a
practicar la esterilización o a interrumpir un embarazo. Informará sin demora de su
abstención y ofrecerá, en su caso, el tratamiento oportuno por el que se le consultó”

7. “Los códigos deontológicos no contienen normas jurídicas en sentido estricto pero
sus normas establecen obligaciones que deben cumplirse. El valor de las normas
deontológicas ha sido realzado por la Ley 44/2003 al establecer que los principios y

7 Martín Sánchez, I., Libertad religiosa y derecho sanitario, Fundación universitaria española, Madrid, 2007,
pág. 76.

valores contenidos en el ordenamiento deontológico constituyen uno de los límites
en el ejercicio de las profesiones sanitarias”8

“En el presente, el personal sanitario que puede ejercer el derecho a la objeción de
conciencia al aborto estaría formado por los médicos, enfermeros o matronas que
intervienen directamente, de una forma u otra, y de manera decisiva en la
realización del aborto (…)”9.
“Las autoridades están obligadas a respetar y proteger esta objeción de conciencia
sin imponer ni permitir ninguna clase de perjuicios o represalias contra quienes se
nieguen a practicar el aborto en los centros sanitarios públicos o privados y sin
hacer discriminaciones por esta razón a la hora de seleccionar el personal para tales
centros”10

De acuerdo a lo expresado anteriormente, un facultativo médico tiene el derecho a
la objeción de conciencia si una determinada acción interfiere con aspectos relativos
a la ideología propia, la religión o a sus creencias etc.

Aborto y Religión

Resulta casi imposible desligar completamente un tema como la objeción de
conciencia al aborto de la Religión. En este caso trataremos sobre la doctrina de la
Iglesia Católica por ser la religión mayoritaria en España y por ser precisamente el
tema de este Congreso UNIV 2010 “Can christianity inspire a global culture?
Como primera medida haremos una aclaración con respecto a lo que la Iglesia
considera aborto ilícito o directo y el llamado “aborto indirecto”. Existe, por una
parte, desde el punto de vista ético, el aborto directo que es aquel que tiene como
fin la muerte del feto, ya sea para preservar la salud física o psíquica de la madre,
que exista grave tara física o psíquica del feto, etc. Por otra parte, tenemos el aborto

8 Ibídem

9 Rivas Vallejo, P. y M.D. García Valverde, Derecho y Medicina: Cuestiones jurídicas para profesionales de la
salud, Thomson-Aranzadi, Madrid, 2009.

10 Cebriá García, M., Objeciones de Conciencia a Intervenciones Medicas, Aranzadi, Pamplona. 2005.

indirecto, que es aquel en el que la muerte del feto se produce de manera accidental
y probable, al intervenir para curar una enfermedad de la mujer independientemente
de su embarazo. Esto puede ocurrir en la intervención de un cáncer de útero o en el
caso de un embarazo ectópico.
Nuestra sociedad, nuestro Estado, nuestros gobiernos, intentan justificar la
necesidad de prácticas abortivas legalizadas. Sin embargo, la Iglesia mantiene firme
su postura que es la defensa, a toda costa, de la vida humana en gestación.
El aborto, en pocas palabras11, sería menospreciar el valor de la vida humana
independientemente del tiempo en el que el alma espiritual anima al feto humano.
Haciendo referencia al proceso embrionario podemos decir que este es un proceso
lineal y continuo cuyo objetivo es el nacimiento de un ser genéticamente distinto de
sus progenitores, ya que se compone de una mezcla equivalente de cromosomas
maternos y paternos (23 pares maternos/23 pares paternos). Atentar contra este
proceso sería violar el derecho fundamental a la vida.
La vida de una persona no debe medirse en base a su rol en la sociedad, su
productividad o su profesión ya que estas son características que Dios nos da para
aplicarlas y hacer un bien en nuestro día a día, como cristianos. Sin embargo, de no
existir vida, ¿de qué servirían estos dones? La vida debe medirse como lo que es “la
posibilidad de vivir”, derecho intrínseco a toda concepción, que no debería ser
negada a nadie y mucho menos puesta al libre albedrío de la voluntad de terceros.
Frente a la despenalización del aborto expuesta en la L.O. 9/1985 la Iglesia12, como
guía espiritual, se manifiesta de la siguiente manera:
1. El hecho de despenalización no cambia la valoración moral del aborto
provocado.

11 Este apartado se inspira en la Nota sobre el Aborto de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (4-X-
1974).

12 “Actitudes morales y cristianas ante la despenalización del aborto” (24-6-1985) Citado en Ética, salud,
enfermedad, obra ya citada.

2. El mandamiento “No mataras” y la ley nueva y suprema del Amor al Prójimo
expresan en este caso lo que tiene que ser el comportamiento
verdaderamente humano y cristiano ante la vida del prójimo.
3. Así lo ha expresado el Concilio Vaticano II en su Constitución Gaudium et
spes, al decir: «Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne
misión de conservar la vida, misión que ha de llevarse a cabo de modo digno
del hombre. Por tanto, la vida, desde su concepción, ha de ser salvaguardada
con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables»
(n. 51).
Así lo proclamó también Su Santidad el Papa Juan Pablo II durante su visita
a España. En efecto, en la misa para las familias que se celebró en el Paseo
de la Castellana de Madrid, dijo lo siguiente: «Pero hay otro aspecto, aún
más grave y fundamental, que se refiere al amor conyugal como fuente de la
vida: hablo del respeto absoluto a la vida humana, que ninguna persona o
institución, privada o pública, puede ignorar. Por ello, quien negara la defensa
a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya
concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del
orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría
el mismo fundamento de la sociedad» (2-11-1982).
4. El personal sanitario de los centros públicos o privados tiene el derecho y
hasta la obligación de presentar objeción de conciencia en el caso de que las
autoridades civiles, sus superiores sanitarios o los propietarios de los
Centros, pretendieran obligarles a realizar o colaborar en la realización de
acciones abortivas.
Para finalizar cabe mencionar que la única forma de que la sociedad evolucione de
una manera completamente positiva es que dicha evolución tenga en cuenta todas
las dimensiones del hombre. El ser humano, como criatura que es, necesita conocer
y aprender, como vimos al principio, necesita el desarrollo y más que nada el
progreso. Sin embargo, esto tiene que ir de la mano de ciertos modelos éticos y
morales como, por ejemplo, los que ofrece la religión. La supremacía de una
dimensión, como puede ser el conocimiento, nos llevaría a un sistema de
retroalimentación positiva en el que no existirían limites “mientras más conozco, mas
quiero”, que conduciría al vicio y a la desintegración del ser como cuerpo y alma.

Conclusiones

1. La objeción de conciencia se ampara bajo el artículo 16. 1 de la Constitución
Española por lo tanto, es un derecho a ejercer por cualquier persona que se
encuentre ante una situación que quebrante su ideología, religión, creencia,
etc.
2. La objeción de conciencia del médico se recoge en el Código de Ética y
Deontología Médica.
3. Actualmente en el Código Penal Español no existe una regulación específica
de la objeción de conciencia del personal sanitario.
4. La simple aplicación de la Constitución debería proteger el derecho
fundamental de la libertad de ideología, de la cual forma parte la objeción de
conciencia.
5. En el futuro sería necesario establecer algún tipo de regulación de la objeción
de conciencia del personal sanitario con el fin de evitar falsos positivos y
poder llevar un control censual de objetores y no objetores.
6. Los cristianos tienen el derecho y el deber de hacer uso de la objeción de
conciencia ya que el aborto ha sido considerado como crimen abominable por
el Concilio Vaticano II en su Constitución Gaudium et spes .13

13 “Actitudes morales y cristianas ante la despenalización del aborto” (24-6-1985)

Bibliografía

García Hoz, V. Principios de pedagogía sistemática, 10ª.Ed. Madrid, Rialp,
1981,

Monge, M.A., Ética, salud, enfermedad, Palabra, Madrid, 1991

González Merlo, J. y Del Sol, J.R., Obstetricia, Salvat, Barcelona, 1985

Navarro-Valls, R. y J. Martinez-Torron, Las objeciones de conciencia en el
Derecho Español y Comparado, Mc Graw Hill, Madrid, 1997

Martín Sánchez, I., Libertad religiosa y derecho sanitario, Fundación
universitaria española, Madrid, 2007.

Rivas Vallejo, P. y M.D. García Valverde, Derecho y Medicina: Cuestiones
jurídicas para profesionales de la salud, Thomson-Aranzadi, Madrid, 2009.

Cebriá García, M., Objeciones de Conciencia a Intervenciones Medicas,
Aranzadi, Pamplona. 2005.

Nota sobre el Aborto de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (4-X-
1974).

“Actitudes morales y cristianas ante la despenalización del aborto” (24-6-
1985)

Derecho y Opinión. Revista del Departamento de Disciplinas Historico-
Juridicas y Económico Sociales, Universidad de Córdoba, 1993